La inflación media anual de 2025 se sitúa en torno al 2,7 %, una décima por debajo de 2024

Si miras los datos con un poco de perspectiva, 2025 ha sido un año de cierta calma en materia de precios. No una calma total, porque eso no existe cuando hablamos de inflación, pero sí un escenario bastante más estable de lo que muchos esperaban hace solo un par de años. La inflación media anual de 2025 ronda el 2,7 %, lo que supone una décima menos que en 2024 y confirma una tendencia de moderación que se ha ido consolidando mes a mes.

Dicho de otra forma, los precios siguen subiendo, pero ya no lo hacen a ese ritmo incómodo que te obligaba a revisar el ticket del súper con cara de susto. La diferencia parece pequeña, solo una décima, pero en inflación cada décima cuenta, sobre todo cuando hablamos de salarios, pensiones, alquileres o contratos que se revisan con el IPC.

Este dato no sale de la nada. Es el resultado de un año marcado por menos tensión en la energía, una alimentación que por fin empieza a dar tregua y un consumo más contenido. Y sí, también por unas familias que miran más en qué gastan, aunque no siempre sea por gusto.

Por qué la inflación baja en 2025 y qué ha cambiado de verdad

Para entender por qué la inflación media se queda en ese 2,7 %, hay que ir más allá del titular. El gran factor que explica esta bajada frente a 2024 es la normalización de los precios energéticos. Electricidad y gas han tenido un comportamiento mucho más estable, sin los picos bruscos que distorsionaban cualquier cálculo en años anteriores.

También ha ayudado el comportamiento de los carburantes. No han sido baratos, ni mucho menos, pero sí más previsibles. Esa previsibilidad es clave, porque reduce el efecto dominó sobre el transporte y, en consecuencia, sobre casi todo lo que compras.

La alimentación merece mención aparte. Durante buena parte de 2025, los precios de muchos productos básicos han subido menos o incluso se han estancado. No es que la cesta de la compra vuelva a niveles de hace cinco años, eso sería engañarse, pero el golpe ya no es tan constante como antes. Y eso se nota, aunque sea poco a poco.

Otro elemento importante es el enfriamiento del consumo. No hablamos de crisis, pero sí de decisiones más medidas. Menos compras impulsivas, más comparación de precios y más marcas blancas. Todo eso, sumado, también frena la escalada de precios.

Los datos oficiales publicados por el Instituto Nacional de Estadística reflejan justo eso, un año con menos sobresaltos y con una inflación que se mueve en una franja mucho más razonable para la economía.

Cómo te afecta una inflación del 2,7 % en tu día a día

Aquí es donde la teoría se convierte en realidad. Una inflación media del 2,7 % no suena mal, y de hecho está bastante cerca de lo que se considera un nivel saludable. El problema es que no todos los precios suben igual ni todos los bolsillos lo notan de la misma forma.

Si tu salario se ha actualizado este año cerca de ese porcentaje, es probable que hayas mantenido poder adquisitivo, al menos en parte. Si no ha sido así, la sensación puede ser justo la contraria, que todo sigue siendo un poco más caro aunque las noticias digan que la inflación baja.

En el caso de las pensiones, muchas de ellas ligadas al IPC, este dato es clave. Una inflación algo menor implica revalorizaciones más moderadas, lo que ayuda a contener el gasto público pero también limita la subida mensual que llega al bolsillo.

Los alquileres, tras los cambios normativos de los últimos años, también miran al IPC con lupa. Un 2,7 % supone subidas más contenidas que las vistas en etapas anteriores, algo que para muchos inquilinos es un pequeño alivio, aunque no soluciona el problema de fondo del acceso a la vivienda.

2025 no ha sido un año barato, pero sí menos asfixiante que otros recientes. La inflación baja una décima respecto a 2024, se consolida por debajo del 3 % y deja un mensaje claro, los precios siguen subiendo, pero lo hacen de forma más controlada. Y eso, tal y como están las cosas, ya es una noticia relevante.

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